En esta nueva entrada os contaré mi experiencia con los concursos literarios, que son una buena opción para promocionarse tanto si somos escritores noveles o ya consagrados.
Creo que los concursos literarios son una de las mejores invenciones que hay en el mundo de la edición y la escritura. La variedad de estos concursos es inmensa: los hay de novela, de poesía, de ensayo, de artículos periodísticos, novela histórica, de género negro, romántica, etc, etc.
El concurso estipula una serie de bases según el gusto de sus directores: tema del libro, estilo, número de páginas y cosas similares, y da un plazo para entregar las obras. Lo cual también mola porque se experimenta una especie de carrera a contrarreloj.
Hay gente que tarda cuatro años en escribir una novela, a veces más a veces menos, y oye, tal vez no tengan tiempo o estén documentándose a conciencia, ok, cada cual escribe al ritmo que le place, pero para mí, escribir sabiendo que tengo una fecha límite me inspira, me motiva, me pone en funcionamiento.
Hay muchísima gente que participa en concursos por lo que las probabilidades de ganar a veces son muy reducidas pero eso también le añade sabor al asunto.
Es cierto que es muy decepcionante cuando compruebas la lista de finalistas y tu nombre no aparece en ella pero también es genial cuando ves tu nombre y tu manuscrito en la lista de los diez mejores, los que pueden optar al premio. Entonces buscas el número de participantes y compruebas con gran satisfacción que eres uno de los diez mejores de entre 100, 200, 500 o a veces más personas. Aunque no ganes, sientes que tu obra es buena, que has prevalecido sobre muchos, que tu libro podría venderse bien si llegase a ser publicado.
Uff, aunque no ganes, ser uno de los finalistas es una inyección de estímulo.
Y si ganas y encima te llevas la pasta y ves tu obra publicada no te quiero ni contar.
Bueno, pues aquí viene mi experiencia.
Yo he escrito desde siempre pero llegó un momento en mi vida en que me desconecté de los libros. No sabría decir por qué pero sufrí un stop en mi trayectoria de escritor que duró varios años.
Y un buen día, sin previo aviso, me volvieron las ganas de escribir.
Así que volví a ello.
Lo primero que empecé escribiendo fue una novela de género histórico que aún no he terminado (y eso que llevo ya varios años con ella, a pesar de lo que dije antes). Quizás nunca la acabe, en realidad creo que la he aparcado. Pero esas páginas que sí escribí me permitieron paladear de nuevo la sensación maravillosa que se experimenta al tener una idea, esforzarte por hacerla crecer y plasmarla en papel para compartirla con otros.
Y entonces lo vi.
Un cartel en un restaurante árabe en pleno centro de Madrid (mi ciudad) en el que se anunciaba el primer concurso de relatos cortos sobre un hammam (los antiguos baños que los árabes tenían en Al-Ándalus y el resto de su imperio en plena Edad Media).
Faltaba un mes para la fecha de entrega y debía constar de un máximo de seis páginas. Me puse a documentarme como un loco, buscar información sobre hammames, cómo eran, cómo funcionaban...
Y conseguí mandarles un manuscrito de género histórico en el que relataba la vida de un chico árabe que trabajaba en los baños mientras su ciudad, Toledo, sufría una guerra civil musulmana.
Lo envié el día antes de que finalizara el plazo de entrega y pasaron unos meses lentos y tediosos.
No tenía noticias del concurso, no sabía absolutamente nada, si había ganado, si había perdido, no anunciaban nada en su página web.
Y entonces, un día, cuando volví de trabajar... ¡¡¡FLIPÉ!!!!
Me metí en la web y allí estaba la lista de ganadores.
Y entre ellos estaba YO en tercer lugar.
¿Suerte de principiante? Puede ser. Pero me daba igual.
Me había llevado 200 eurazos por hacer algo que de verdad me gusta y había conseguido mi primera obra publicada.
Aquí os dejo unas fotos del libro publicado con mi relato y otros tantos.
Aquí os dejo unas fotos del libro publicado con mi relato y otros tantos.
Debo decir que eso me creció mucho, quizás demasiado. Llegué a creer que todo lo que escribo es (muy) bueno y en verdad me esfuerzo para que resulte así, pero mi obra no le va a gustar a todo el mundo, como es lógico.
El siguiente concurso al que me presenté fue El Cuentagotas, del Canal de Isabel II. Pedían cuentos infantiles que tuvieran como temática resaltar el valor del agua y aunque me esforcé y escribí un cuento que me pareció bastante bonito no resulté ganador. Ni tan siquiera finalista.
Fue un bajón.
Comprendí lo que ya he dicho antes: que mi trabajo no le va a encantar a todos y que no todas mis obras serán igual de buenas.
Pero la mejor forma de superar los fracasos es volviéndolo a intentar.
Me presenté al XVII Premio Fernando Lara con mi primera novela, mi ópera prima. El Oro de la Diosa.
Se presentaron 198 concursantes y el premio creo recordar que eran 120.000 euros.
No lo gané, por supuesto. A estos concursos con tan grande premio económico se suelen presentar muchos escritores ya reconocidos y periodistas y competir contra ellos es muy difícil.
Pero quedé en muy buena posición: uno de los 10 finalistas.
Lo podéis comprobar aquí
¿Quién lo ganó?
Nada menos que Ian Gibson, un escritor irlandés que se presentó con el manuscrito que más tarde sería el libro "La berlina de Prim", aunque en la lista de fiunalistas aparece con el pseudónimo de Araceli Domínguez y su libro recibe otro título (pero si veis el libro en las tiendas fijaos que pone bien claro "Premio Fernando Lara 2012").
Vale, no gané y sigo igual de pobre.
Pero esto es algo que ya puedo poner en mi currículum literario: he sido un finalista de un gran concurso con mi primera novela. ¿Qué pasará la próxima vez? Tal vez tenga más suerte.
Si vosotros también queréis participar en algún concurso podéis ir a la página web
¡¡Que tengáis suerte!!
Vale, no gané y sigo igual de pobre.
Pero esto es algo que ya puedo poner en mi currículum literario: he sido un finalista de un gran concurso con mi primera novela. ¿Qué pasará la próxima vez? Tal vez tenga más suerte.
Si vosotros también queréis participar en algún concurso podéis ir a la página web
www.escritores.org
¡¡Que tengáis suerte!!


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